Uno de los movimientos artísticos más destacados del siglo XX fue el
dadaísmo. No por su contenido dramático, su representación fiel a la realidad o su perspectiva, sino por su
burla, no sólo hacia sí mismos o hacia los espectadores sino también hacia estilos surgidos en épocas pasadas.
Las manifestaciones artísticas originadas a finales del siglo anterior junto con factores externos tales como la
Primera Guerra Mundial o la nueva tecnología fueron derivando, poco a poco, en lo que hoy conocemos como el ‘movimiento dadá’.
El
origen de este atípico
nombre está envuelto tras una nube de misterio, pues se manejan varias posibilidades. La más extendida es que los miembros fundadores decidieron abrir un diccionario por una página al azar y al hacerlo se toparon con dicha palabra en referencia al
balbuceo de los niños. Otras opciones son posibles traducciones del francés o alemán en alusión, también, a juegos infantiles.
Lo que sí está claro es que su origen se data de 1916, a partir de los primeros escritos de
Hugo Ball, en Zúrich, Suiza. Este ‘
antiarte’ comprendía tanto textos literarios, como pinturas y especialmente, esculturas. También tuvo sus composiciones en el mundo de musical, aunque sus obras pasaron desapercibidas.
Sin lugar a dudas, el odio y rechazo por las sociedades contemporáneas que, entre otras cosas, habían provocado ‘
La Gran Guerra’, ocasionó un empuje del movimiento, logrando que se sumasen a él numerosos artistas. El que más notoriedad y repercusión tuvo fue
Marcel Duchamp.
Con sus famosas construcciones dio origen al ‘
Arte encontrado’ o ‘
Readymade’, un género basado en la agrupación de objetos cotidianos, a los cuales no se les suele considerar de gran belleza para adherirlos al arte. Como ejemplo que conmocionó al mundo encontramos ‘
La Fuente’, de 1917, un orinal firmado que envió a una exposición.
Otra irreverencia de Marcel Duchamp fue coger una imagen ya hecha de la famosa ‘
Gioconda’ de Leonardo da Vinci, terminada en 1506 y pintarle bigote y perilla. A tal composición la denominó ‘
L.H.O.O.Q.’. La amplia obra de este autor agrupa técnicas como el collage o el fotomontaje, como vemos en esta obra.
El ‘
dadaísmo’ también es considerado como un intento de sacar a los espectadores de sus sedentarias costumbres y hacerles pensar en mundos más enrevesados y alternativos que, no por no verlos, son menos reales. Siempre desde un tono burlesco y caricaturizado. Como el alter ego, ‘
Rose Sélavy’, una serie de imágenes del propio artista disfrazado de mujer en sesiones de fotografía hechas por el prestigioso
Man Ray.
De esta corriente también destacan Francis Picabia, Max Ernst, Kurk Schwitters, Hans Arp, Hans Richter o Tristan Tzara. Todos ellos derivando en estilos posteriores como el famoso ‘
Pop Art’.
¿Y tú, qué otra obra destacas del dadaísmo?